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Chating con Rut Villamagna

Rut Villmagna es pintora escénica y ha trabajado en múltiples superproducciones de Hollywood, como por ejemplo la última trilogía de Star Wars, The Batman, Animales fantásticos, El laberinto del fauno o en cintas de autores de la talla de Wes Anderson o Tim Burton.

– Buenas Rut, ¿Qué te llevó a convertirte en pintora escénica?
Yo no tenía ni idea de que este mundo existía [risas]. Estudié periodismo porque no creía que pudiera dedicarme al mundo del arte. Lo veía muy utópico, me parecía que para ser artista necesitaba tener un cash flow o unos padres con dinero que te pudieran mantener o echar un cable de vez en cuando y no era mi caso, me parecía imposible. Decidí ser periodista porque me gustaba escribir y viajar… y bueno, porque a los 18 años no sabes muy bien qué quiere ser. El caso es que desde siempre me gustó modelar y pintar y por eso tenía un pequeño portafolio con mi obra. Un buen día, enviando currículums mientras trabajaba de periodista, me llamaron de una empresa de escenografía de Barcelona para hacer unas construcciones para un centro comercial y fui un poco a la aventura. En Barcelona descubrí el mundo de la escenografía y con el dinero que cobré me apunté en un curso de verano de la Universidad Complutense de Madrid de artes plásticas aplicadas a la escenografía. Ahí aprendí un poco más, seguí enviando currículums y ya me salió un trabajo en una empresa de escenografía en Madrid donde estuve seis años trabajando y aprendiendo el oficio.

– Has trabajado en blockbusters de la talla de Star Wars, The Batman, Animales fantásticos, además de El laberinto del fauno entre muchas otras ¿Cuál es el camino que hay que seguir para llegar tan alto?
Pues es difícil de explicar… creo que hay que estar un poco loco [risas]. Cuando estaba trabajando en Madrid llegó un momento en el que ya había tocado un techo. Mi primera película allí fue El laberinto del fauno (2006), que me permitió descubrir un mundo maravilloso y espectacular como es el cine de fantasía, un género que era difícil de encontrar en las producciones españolas.

Años más tarde, con la llegada de la crisis, unos amigos me hablaron de la posibilidad de trabajar en Londres. Fue así fue como mi pareja y yo hicimos las maletas y en 2010 llegamos a Inglaterra. Al principio fue bastante duro… sin contactos, un nuevo idioma y una ciudad carísima… pero poco a poco empecé a conseguir pequeños trabajos como freelance que cada vez fueron más largos y llegó un momento en que empecé a trabajar en una empresa que hacía sus propios elementos de atrezzo para grandes películas. Allí me quedé un par de años y, de repente, en esa empresa entró un proyecto de la talla del Episodio VII de Star Wars. Fue un trabajo increíble. Me lo pasé genial y después de ese momento ya tuve una red de contactos… y desde entonces eso ha ido mejorando día tras día.

– Para la audiencia de a pie el mundo de las superproducciones parece algo de otro mundo. ¿Cómo es trabajar con gente del nivel de Wes Anderson, Guillermo del Toro o Tim Burton, por citar solo algunos?
Trabajar para directores como ellos es un sueño, un sueño que no me atrevía ni a soñar. Fue algo increíble que de pronto apareciera Guillermo del Toro con una película tan fantástica como El laberinto del fauno en un momento en el que yo estaba empezando a descubrir el mundo de la escenografía y que después pasara a trabajar con directores del nivel de Tim Burton o Wes Anderson, que son grandes referentes para mí… tienes que pellizcarte muchas veces a lo largo del día para recordar dónde estás y de dónde vienes. Tienes que ser muy consciente de la calidad de tu trabajo y tienes que dar lo máximo porque también puedes caer. Trabajas muchas horas y el nivel de exigencia es máximo, algo que puede acabar quemando. Tengo compañeros ingleses que comentan que si pudieran dedicarse a otra cosa jamás hubieran trabajado en este negocio. A mí me parece muy triste porque creo que hay mucha gente ahí fuera que daría un brazo por tener nuestro trabajo. Yo siempre intento mantener el entusiasmo y además intentó mantener el nivel de profesionalidad lo más alto posible.

– ¿De todas las producciones que has participado, tienes alguna favorita? ¿Cuál ha sido la que más te ha entusiasmado?
El laberinto del fauno por ser la primera de mi carrera y por lo que significó para las producciones de género fantástico en España. En ella estuve esculpiendo, pintando y texturizando. Guillermo del Toro venía al taller y hablaba con nosotros directamente. Eso es algo bastante raro en las películas en las que trabajo ahora. A veces sucede, pero es muy raro que el director venga al taller donde realizamos nuestro trabajo. También es especial Frankenweenie (2012) de Tim Burton porque fue mi primera película en Londres y apareció justo cuando estaba muy cerca de tirar la toalla y regresar a España. Un día me llamaron de una oferta de trabajo que no tenía ni idea de para qué era y cuando me dijeron que era para pintar miniaturas en Frankenweenie aluciné porque estaba a punto de marcharme y de golpe estaba en una película de Tim Burton. Semanas después me dijeron que me habían cogido y ahí aprendí muchas cosas, sobre todo en cuanto a dinámicas de trabajo: cómo se trabaja en Londres, ese buen rollo que hay, todo el equipo trabajando juntos para conseguir que el proyecto salga adelante… Cuando hay algún problema todo el equipo aporta su grano de arena, es como una pequeña gran familia.

– ¿Ha habido alguna producción en la que hayas dicho “vaya follón en el que me he metido”?
No me ha pasado nunca, pero reconozco que en España los ritmos de trabajo son bastante más locos. Allí viví muchas situaciones de estrés, afortunadamente muchas menos de las vividas en Londres. Creo que mi experiencia en España fue un buen entrenamiento para lo que vino después y poder así enfrentarme a retos en los que no me tembló el pulso… No, realmente nunca he tenido que enfrentarme a un trabajo en el que diga “¿madre mía, cómo salgo de esta?” Sí que es verdad que hay veces que estás en un proyecto en concreto donde te dicen que quieren un efecto determinado y estás probándolo todo para conseguirlo pero al final siempre pasa algo que, como en las películas, hace que tengas un final feliz.

– ¿Y una película en la que no has participado pero te hubiera gustado formar parte?
Me habría encantado haber formado parte del equipo de la trilogía de El señor de los anillos (2001), una de mis trilogías favoritas. Me habría encantado haber participado en películas como Bitelchús (1988) que creo que es una obra maestra. Me habría encantado haber participado en la recién estrenada Pinocho (2022) de Guillermo del Toro. Incluso ahora, cuando te llaman de un proyecto y dices “sí”, al día siguiente te llaman de otro que te flipa más, pero ya te has comprometido y piensas “¿cómo puede ser?” pero es un poco feo abandonar el barco antes de empezar… Aunque no lo parezca, esto pasa mucho.

– Como ya sabrás, hay un debate por el intrusismo de la inteligencia artificial en el mundo audiovisual. ¿Crees realmente que los artistas tendréis que luchar creativamente con máquinas en un futuro no muy lejano?
Es un dilema que no es la primera vez que sucede. Ahora es con la inteligencia artificial, pero hace ocho o nueve años era con la impresión 3D. La impresión 3D nos ha “robado”, entre muchas comillas, mucho trabajo, sobre todo a los escultores… pero al final nunca es tan terrible como se dice al principio. Al final se convierte en una herramienta más que tienes que aprovechar como puedas y si te afecta como profesional, tienes que reciclarte para que la herramienta sea tu aliada. El problema con la inteligencia artificial es que tiene algo que, por ejemplo, el 3D no tiene, y es que se nutre de profesionales de manera gratuita, de obras ya existentes sin pagar ningún tipo canon. Eso es algo más delicado pero, sinceramente, es como ponerle puertas al mar.

Muchas gracias Rut, te deseamos todavía más éxitos en tu carrera.